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  • Foto del escritorAgustina López

Del folclore a la gastronomía, conocé la historia de Micaela Di Lena

El arte como forma de vida. Nacida hace 42 años, la cocinera neuquina encuentra la unión entre sus dos pasiones. Sus viejos como principal guía. Nacida y criada entre Plaza Huincul y Cutral Co, estudió y trabajó en Buenos Aires, se desempeñó en Bariloche y hoy está de vuelta en su hogar.

La mesa larga, las sillas completas y los platos de comida que desfilaban entre la familia. En los asados de domingo, con las parrillas del abuelo y las meriendas de la abuela, Micaela Di Lena se hizo de experiencias que la hicieron seguir por el camino gastronómico. “Encontré el disfrute de la comida, de lo que genera el encuentro en el alimento, de la producción local”, cuenta la cocinera, pastelera y panadera neuquina a Descubrí Tu Destino.


Yo arranqué en la gastronomía porque estudié organización de eventos primero, entonces trabajé muchos años en empresas de catering, en salones, en toda la parte administrativa y logística”, recuerda sobre sus primeros pasos en el rubro. Del catering a la cocina solo hubo un paso de diferencia, y en el primer momento en el que hicieron falta manos en la preparación de platos, Micaela no dudó un segundo. “Fue así como me metí en la cocina, a ayudar. Y ahí descubrí que ese era mi espacio, mi mundo; a cocinar, a ver qué pasaba más allá de un plato servido”, afirma.

Yo creo que lo que me apasiona es básicamente esto de correr, de estar todo el tiempo al límite, que tiene mucho que ver con mi personalidad, con mi forma de ser. Creo que no podría vivir de otra manera”, sostiene al preguntarle sobre su estilo de vida. “Me apasiona mucho la interacción con la gente, esa adrenalina que provoca. Yo creo que todos necesitamos en la vida un poco de esa adrenalina para sentirnos un poco vivos. No me imagino viviendo de otra forma más estática”, dice.


Esa necesidad de dinamismo en la rutina también se hace ver en su carrera académica. Nacida en Plaza Huincul y frecuente visitante de Cutral Co, viajó a Buenos Aires para estudiar la Licenciatura en Folklore mención Danzas Folklóricas y Tango, en el ex Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA, hoy Universidad Nacional de las Artes).

Si bien las danzas y la gastronomía parecieran estar alejadas entre sí, bien pueden conectarse desde la expresividad para un deleite propio y ajeno. Al consultarle sobre las similitudes que encuentra entre ambas carreras, Micaela comenta que “la de IUNA que es una carrera artística donde uno expresa el arte a través del cuerpo. Acá (en la gastronomía) lo expresa a través del alimento, la energía, el generar en el otro una emoción, un sentimiento”.


Y continúa: “Yo creo que eso es lo que a mí me queda, más que quizás los aprendizajes técnicos culinarios, es todo lo que tiene que ver con el sentir de lo que genera el alimento, la comida, el compartir. Sigo en esa búsqueda de que el momento de la cocina y la elaboración y del plato en la mesa no sea solo una experiencia de sabores, sino de la memoria emotiva que genera”.

Sus estudios en la licenciatura de igual manera le resultan útiles en su actual profesión por la formación de investigación que le brindó: “Me ha dado herramientas para poder tener información sobre la historia, sobre la cultura. Nosotros tenemos un país que es multicultural, que ha recibido influencias de un montón de países. Entonces, bueno, es tratar de entender que toda esa historia y cultura se ha visto reflejada, que más allá de la técnica hay una fusión de culturas, de sabores, de formas de cocción de diferentes pueblos que han llegado acá, que nos han dejado raíces y se han fusionado también con lo que teníamos acá”.


Durante su paso por Capital Federal, Micaela fundó su propio proyecto profesional, Mikela Panadería y Pastelería, con el que realizaban producciones para locales de la zona. Sobre su experiencia en el emprendedurismo, cuenta que “la verdad es que me aportó mucho, fue una etapa hermosa, también muy difícil. La gente tiene como esa fantasía de que podés manejar tus tiempos y lo que quieras pero no, porque todo depende de vos. Como que no podés dejar de hacer, jamás”.

Sobre lo positivo del proyecto, afirma que “requiere de mucha fortaleza. Y yo creo que eso es lo que más rescato, la fortaleza y el decir también ‘yo puedo, yo voy’ y dejarse sorprender por lo que va proponiendo la gente, la situación. Empezás a sacar recursos hasta de donde no tenés”. Si bien algunas de sus guías son compañeros o jefes, sostiene que “los mayores referentes son mis viejos, mi papá y mi mamá, no solo para la vida sino para lo laboral. En no dejarse caer, el persistir, el darle siempre para adelante, el no abandonar


Una vez que sintió que su vida en Buenos Aires había cumplido una etapa, decidió moverse a Bariloche. Pero por la difícil situación habitacional que allí se vivía, hace cinco meses decidió volver a su hogar de origen, donde la esperaba otro desafío: desenvolverse en un pueblo “netamente petrolero, con una idiosincrasia y una cultura petrolera al cien por ciento y donde lo gastronómico no está demasiado explotado”.

Su alma dinámica no la deja quedarse quieta y es por eso que lejos de verlo como una dificultad, lo considera como “un gran desafío que me está haciendo de alguna forma llevar al límite, a ver cuánto estoy preparada y cuán fuerte soy”. A la vez, este cambio de paisaje es algo positivo tanto en su vida profesional como en la personal porque implica “volver de nuevo a la tranquilidad. Creo que también hay ciclos que se terminan y esto era la necesidad de volver a las raíces, a la tranquilidad, de volcar lo aprendido y el conocimiento en otro lugar, y qué mejor que casa”.


Redacción: Agustina López

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